3.4.11
cuántos cuentos
24.12.10
siglo veinte, cambalache, problemático y febril
solemos perder la frecuencia tras el boom. Felizmente mi compromiso con este blog es particular y personal.
23.7.10
golden slumbers
el 2010, de marzo a julio, ha sido ridículo
entre la ropa, el humo, el concreto y las rejas vi un rayo de sol que me dejo ciega por un segundo
malabares con fechas, prioridades inciertas, casos
dale, di todo lo que piensas, es mas facil si solo lo dices y luego vemos quien escucha, te conozco y no se quien eres, es mas facil asi
verdad?
"llega un punto donde en realidad no tengo a donde ir"
sabes a donde llamarla? no.
ya decidimos? no se.
y es tan tarde, algunos dias pasan tan rapido, felizmente
tantos planes por concretar- queda tiempo y habra espacio para darles forma, la proxima semana tendre algo de 3 o 4 o 5 (o 6?) dias para eso
25.6.10
A veces estoy atacando a mi cuaderno en alguna clase (porque me he convertido en un monstruo de los apuntes) y la velocidad de la clase me lleva a escribir con una letra no tan bonita -aunque mi conciencia escolar me obligue a usar trazos redondos- y mi concentración se corta cuando, mientras la mano sigue escribiendo, mi vista se detiene en una letra o palabra y se rehúsa a mirar otras. Son símbolos, finalmente son dibujos.. y pueden decir tanto.
Estoy segura de que un lingüista tendría mucho que decir al respecto, pero yo no.
Estamos grandes, estamos todos viejos y a la vez extremadamente jóvenes. Una persona de 90 años segura y posiblemente ve los 20 años como una edad lejana y tal vez bonita, depende del caso. Una persona de 20, específicamente la que escribe, se niega a decir que está en una edad en la que todo sale mal y es feliz, pero a la vez no y (...) porque todo eso confirmaría que sigue en la adolescencia, que carece de esencia, que se complica por todo y que en unos 40 años será diferente- de ser verdad lo primero, solo diré que en todo caso, creo que en 40 años será igual y que la experiencia sólo me daría formas de voltear los argumentos o de fingir que las situaciones no me afectan positiva o negativamente de la misma forma. En otras palabras, creo que si ahora, de vez en cuando, tengo episodios de no saber qué hacer o de estar extremadamente feliz, en unas cuantas décadas (si las vivo), podré pasar por los mismos efectos solo que sabré "contenerme" un poco porqué estaré décadas más socializada que ahora. En una tercera formulación, de grande tal vez disimule más porque sería lo "adecuado" para la edad y las prioridades, además estaría un poco más acostumbrada.
si te pido algo (normal, nada descabellado), serás capaz de considerarlo sólo porque yo lo pido o ese es un desenlace irreal que me vendió la televisión prematuramente? y después vamos a ver faroles.
Estoy un poco lejos de ti, son 1000 km y aún no te visito. No sé si me extrañes, asumo que en caso de poder, lo harías. No sé qué habrá pasado contigo y aunque mucho teóricos pretendan sustentar la respuesta perfecta para eso, no quiero saber nada de ellos en este momento. Solo sabemos que te fuiste y que muchas flores acompañaron al envase, que con él también se quedó una tarjeta de despedida, con un pequeño párrafo que no basta para decirte todo lo que siempre voy a sentir. Papá aún piensa en ti, estoy segura, la abuela también y es raro explicarle que su esposo no está y que no tiene que despertarlo para salir a comer. Es raro jugar carioca sin que grites "mono", porque pasó pocas veces pero fueron buenas. Es raro jugar damas chinas sin asegurarme de que te toque un color que resalte para que no te confundas. Es peor no verte calentando las manos donde cae el sol o donde estuvo el plato con sopa. Es raro entender que si siempre estuviste a 1000 km y no nos veíamos, ahora queda algo de ti a la misma distancia pero ya no sirve de nada saberlo.
20.6.10
itunes playlist
Soir de fete, Gotan Project
Bang bang, Nancy Sinatra
Always, Frank Sinatra
Valerie, Amy Winehouse
Promesas sobre el bidet, Charly García
Otro jueves cobarde, Joaquín Sabina y Los Caballeros de la Quema
You make me real, The Doors
del Mundial (43' Ita 1 -Nze 1)
de Mamá viendo el Mundial
19.6.10
Forma y fondo
En esta familia, la crianza es tradicional. Claro, "diferente", pero tradicional.
"Las cosas son como son" (ergo, no de otra forma), "tú ya sabes qués es lo que tienes que hacer", "así no funciona esto", "está (muy) bien" contra "está (muy) mal", larguísimo etc. de las convenciones y las estructuras.
De hecho, se establece cierta causalidad, que incluso tiene componentes religiosos: si haces esto, que está bien, te irá bien- si haces esto, que no está bien, por una relación de oposición con lo agradable, te irá mal. Sin condenar a la acción per se, la consecuencia proviene de la consideración de la acción en el contexto determinado (o tal vez no).
Más que una queja, pretendo esbozar una descripción y tal vez me equivoque.
Haces algo positivo, te cuidas de empañarlo con algo negativo y, entonces, por la causalidad directa que establecieron en tu imaginario, esperas que la consecuencia sea positiva y/o agradable. Luego creces y aprehendes la realidad de otra forma, con recovecos y contradicciones. Lo inviable del modelo previo corresponde a cierto desarreglo: los tipos ideales encuentran un suelo inestable y accidentado en la realidad, necesitan de la experiencia para adecuarse y llenar esos vacíos.
Entonces, bueno, experimentamos, nos llenamos de un historial de experiencias pensando que, de esta forma, lograremos tener cierta certeza respecto a la acción y el desenlace. Pero las variables antecedentes e intervinientes existen por un motivo.
La forma que le damos a la expectativa y la experiencia de acuerdo a nuestro interés, en tanto es necesaria y no tiene mayores atribuciones, constituye una base para la (comprensión de la) acción. El fondo, en cambio, escapa a la estructura y acapara atribuciones de todo tipo, contenidos usualmente inesperados, que enriquecen o dificultan nuestra comprensión posterior de lo que está ocurriendo.
Forma y fondo difícilmente coinciden. Algunas veces resulta agradable (otras, no tanto); sin embargo, tratándose de una cadena de acciones, lo relevante deja de ser la acción originaria en sí, esta se articula con una cadena de repercusiones significantes que logra generar en el camino (en términos de forma) y los diferentes contenidos que vayan determinando a la experiencia (en términos de fondo). La importancia final reside en los efectos que genera todo esto en la conciencia de las personas, en su ánimo y en sus expectativas para la siguiente acción: incluirán a los componentes actuales o no? con qué fin? y con qué fin creemos que podemos modificar de forma alguna el devenir de las situaciones si estas implican complejas personalidades en la interacción?
No lo sé.
Y no, no pretendo hacer una pobre aproximación a la dialéctica hegeliana.
6.6.10
Varius multiplex multiformis
Asumimos que los sábados son la gran patada al hígado, casi obligatoria. Pequeña masa blanda que vive atormentada por las diferentes costumbres individuales, que se traducen en sustancias de todo tipo.
En esta casa, los domingos toman ese papel de día contra el hígado. De hecho, el sábado fue bueno. Incluso dormí bien, la primera mitad de la noche. Con la segunda, menos madrugada y más mañana, comenzó mi domingo . Bilis y grasa, en exceso.
Luego, a procrastinar (para ponerme kitsch).
Y es como una serie, tiene temporadas.
2.5.10
ruido
Stanza liniers, hotel aemilia, bologna, italia. Quiero ir.
Esto se llama miedo y/o negación, no necesitas tanto tacto para notarlo. Curioso que siendo la sangre lo único que compartimos, te esmeres tanto en hacer que la mía hierva.
22.2.10
raw fish
superyo patea al ello, pasando por alto al yo.
(prudencia golpea al ego)
y es que en casa es donde puedes sentirte más pequeño, solitario y defectuoso- o necesitado de descanso.
el pensamiento parece un orgasmo de agua y sal, mar adentro, que tristemente se traduce en la tímida espuma que humedece la arena en la orilla, finalmente perdida en la porosa superficie
perdón por las quejas, solamente odié que no me pidan perdón y sé que eso es egocéntrico.
12.2.10
El peatón (the pedestrian) - Ray Bradbury
Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa noche de noviembre, pisar la acera de cemento y las grietas alquitranadas, y caminar, con las manos en los bolsillos, a través de los silencios, nada le gustaba más al señor Leonard Mead. Se detenía en una bocacalle, y miraba a lo largo de las avenidas iluminadas por la Luna, en las cuatro direcciones, decidiendo qué camino tomar. Pero realmente no importaba, pues estaba solo en aquel mundo del año 2052, o era como si estuviese solo. Y una vez que se decidía, caminaba otra vez, lanzando ante él formas de aire frío, como humo de cigarro.
A veces caminaba durante horas y kilómetros y volvía a su casa a medianoche. Y pasaba ante casas de ventanas oscuras y parecía como si pasease por un cementerio; sólo unos débiles resplandores de luz de luciérnaga brillaban a veces tras las ventanas. Unos repentinos fantasmas grises parecían manifestarse en las paredes interiores de un cuarto, donde aún no habían cerrado las cortinas a la noche. O se oían unos murmullos y susurros en un edificio sepulcral donde aún no habían cerrado una ventana.
El señor Leonard Mead se detenía, estiraba la cabeza, escuchaba, miraba, y seguía caminando, sin que sus pisadas resonaran en la acera. Durante un tiempo había pensado ponerse unos botines para pasear de noche, pues entonces los perros, en intermitentes jaurías, acompañarían su paseo con ladridos al oír el ruido de los tacos, y se encenderían luces y aparecerían caras, y toda una calle se sobresaltaría ante el paso de la solitaria figura, él mismo, en las primeras horas de una noche de noviembre.
En esta noche particular, el señor Mead inició su paseo caminando hacia el oeste, hacia el mar oculto. Había una agradable escarcha cristalina en el aire, que le lastimaba la nariz, y sus pulmones eran como un árbol de Navidad. Podía sentir la luz fría que entraba y salía, y todas las ramas cubiertas de nieve invisible. El señor Mead escuchaba satisfecho el débil susurro de sus zapatos blandos en las hojas otoñales, y silbaba quedamente una fría canción entre dientes, recogiendo ocasionalmente una hoja al pasar, examinando el esqueleto de su estructura en los raros faroles, oliendo su herrumbrado olor.
-Hola, los de adentro -les murmuraba a todas las casas, de todas las aceras-. ¿Qué hay esta noche en el canal cuatro, el canal siete, el canal nueve? ¿Por dónde corren los cowboys? ¿No viene ya la caballería de los Estados Unidos por aquella loma?
La calle era silenciosa y larga y desierta, y sólo su sombra se movía, como la sombra de un halcón en el campo. Si cerraba los ojos y se quedaba muy quieto, inmóvil, podía imaginarse en el centro de una llanura, un desierto de Arizona, invernal y sin vientos, sin ninguna casa en mil kilómetros a la redonda, sin otra compañía que los cauces secos de los ríos, las calles.
-¿Qué pasa ahora? -les preguntó a las casas, mirando su reloj de pulsera-. Las ocho y media. ¿Hora de una docena de variados crímenes? ¿Un programa de adivinanzas? ¿Una revista política? ¿Un comediante que se cae del escenario?
¿Era un murmullo de risas el que venía desde aquella casa a la luz de la luna? El señor Mead titubeó, y siguió su camino. No se oía nada más. Trastabilló en un saliente de la acera. El cemento desaparecía ya bajo las hierbas y las flores. Luego de diez años de caminatas, de noche y de día, en miles de kilómetros, nunca había encontrado a otra persona que se paseara como él.
Llegó a una parte cubierta de tréboles donde dos carreteras cruzaban la ciudad. Durante el día se sucedían allí tronadoras oleadas de autos, con un gran susurro de insectos. Los coches escarabajos corrían hacia lejanas metas tratando de pasarse unos a otros, exhalando un incienso débil. Pero ahora estas carreteras eran como arroyos en una seca estación, sólo piedras y luz de luna.
Leonard Mead dobló por una calle lateral hacia su casa. Estaba a una manzana de su destino cuando un coche solitario apareció de pronto en una esquina y lanzó sobre él un brillante cono de luz blanca. Leonard Mead se quedó paralizado, casi como una polilla nocturna, atontado por la luz.
Una voz metálica llamó:
-Quieto. ¡Quédese ahí! ¡No se mueva!
Mead se detuvo.
-¡Arriba las manos!
-Pero... -dijo Mead.
-¡Arriba las manos, o dispararemos!
La policía, por supuesto, pero qué cosa rara e increíble; en una ciudad de tres millones de habitantes sólo había un coche de policía. ¿No era así? Un año antes, en 2052, el año de la elección, las fuerzas policiales habían sido reducidas de tres coches a uno. El crimen disminuía cada vez más; no había necesidad de policía, salvo este coche solitario que iba y venía por las calles desiertas.
-¿Su nombre? -dijo el coche de policía con un susurro metálico.
Mead, con la luz del reflector en sus ojos, no podía ver a los hombres.
-Leonard Mead -dijo.
-¡Más alto!
-¡Leonard Mead!
-¿Ocupación o profesión?
-Imagino que ustedes me llamarían un escritor.
-Sin profesión -dijo el coche de policía como si se hablara a sí mismo.
La luz inmovilizaba al señor Mead, como una pieza de museo atravesada por una aguja.
-Sí, puede ser así -dijo.
No escribía desde hacía años. Ya no vendían libros ni revistas. Todo ocurría ahora en casa como tumbas, pensó, continuando sus fantasías. Las tumbas, mal iluminadas por la luz de la televisión, donde la gente estaba como muerta, con una luz multicolor que les rozaba la cara, pero que nunca los tocaba realmente.
-Sin profesión -dijo la voz de fonógrafo, siseando-. ¿Qué estaba haciendo afuera?
-Caminando -dijo Leonard Mead.
-¡Caminando!
-Sólo caminando -dijo Mead simplemente, pero sintiendo un frío en la cara.
-¿Caminando, sólo caminando, caminando?
-Sí, señor.
-¿Caminando hacia dónde? ¿Para qué?
-Caminando para tomar aire. Caminando para ver.
-¡Su dirección!
-Calle Saint James, once, sur.
-¿Hay aire en su casa, tiene usted acondicionador de aire, señor Mead?
-Sí.
-¿Y tiene usted televisor?
-No.
-¿No?
Se oyó un suave crujido que era en sí mismo una acusación.
-¿Es usted casado, señor Mead?
-No.
-No es casado -dijo la voz de la policía detrás del rayo brillante.
La luna estaba alta y brillaba entre las estrellas, y las casas eran grises y silenciosas.
-Nadie me quiere -dijo Leonard Mead con una sonrisa.
-¡No hable si no le preguntan!
Leonard Mead esperó en la noche fría.
-¿Sólo caminando, señor Mead?
-Sí.
-Pero no ha dicho para qué.
-Lo he dicho; para tomar aire, y ver, y caminar simplemente.
-¿Ha hecho esto a menudo?
-Todas las noches durante años.
El coche de policía estaba en el centro de la calle, con su garganta de radio que zumbaba débilmente.
-Bueno, señor Mead -dijo el coche.
-¿Eso es todo? -preguntó Mead cortésmente.
-Sí -dijo la voz-. Acérquese. -Se oyó un suspiro, un chasquido. La portezuela trasera del coche se abrió de par en par-. Entre.
-Un minuto. ¡No he hecho nada!
-Entre.
-¡Protesto!
-Señor Mead...
Mead entró como un hombre que de pronto se sintiera borracho. Cuando pasó junto a la ventanilla delantera del coche, miró adentro. Tal como esperaba, no había nadie en el asiento delantero, nadie en el coche.
-Entre.
Mead se apoyó en la portezuela y miró el asiento trasero, que era un pequeño calabozo, una cárcel en miniatura con barrotes. Olía a antiséptico; olía a demasiado limpio y duro y metálico. No había allí nada blando.
-Si tuviera una esposa que le sirviera de coartada... -dijo la voz de hierro-. Pero...
-¿Hacia dónde me llevan?
El coche titubeó, dejó oir un débil y chirriante zumbido, como si en alguna parte algo estuviese informando, dejando caer tarjetas perforadas bajo ojos eléctricos.
-Al Centro Psiquiátrico de Investigación de Tendencias Regresivas.
Mead entró. La puerta se cerró con un golpe blando. El coche policía rodó por las avenidas nocturnas, lanzando adelante sus débiles luces.
Pasaron ante una casa en una calle un momento después. Una casa más en una ciudad de casas oscuras. Pero en todas las ventanas de esta casa había una resplandeciente claridad amarilla, rectangular y cálida en la fría oscuridad.
-Mi casa -dijo Leonard Mead.
Nadie le respondió.
El coche corrió por los cauces secos de las calles, alejándose, dejando atrás las calles desiertas con las aceras desiertas, sin escucharse ningún otro sonido, ni hubo ningún otro movimiento en todo el resto de la helada noche de noviembre.
F I N
Título Original: The Pedestrian © 1951
Digitalización, Revisión y Edición Electrónica de Arácnido.
5.1.10
Sinapsis eléctrica y caramelos
Sentirse escuchado.
Doblar papeles sin saber a dónde vamos, preguntarse por qué definir el camino, preguntarse cómo etiquetar la estación actual. Cantaría cien veces si eso pudiera darme paz, pero no funciona así.
Y si bien no hay guerra, aunque yo no sepa nada de la guerra y creas de forma ilusa que todo vino en bandeja para mi, sé que hay un hoyo y que estoy tropezando, de forma que sigo sin caer pero a la vez, no puedo andar. La guerra es muy larga para vidas tan cortas, no es un evento cualquiera.
La ley del hielo, a diferencia de la guerra, es una forma solapada de sanar heridas personales (internas) y, en ciertos casos o tal vez de una forma igualmente "discreta", de crear una necesidad en el otro, esperando que al extrañar a la persona voluntariamente ausente se entre en conciencia del error cometido o al menos se cumpla una forma de penitencia. En otros casos se ve como la simple necesidad de apartarse por no tolerar la presencia de otros. En otra serie de casos, no sé cómo describirla.
"Hacia dónde voy?", "en dónde estoy?", "por qué me pregunto estas cosas?", "para qué?"... verdad?
Y las mentiras que nos sirven para tener paz temporal y tejer un poco aunque sea verano. Y la indiferencia que nos sirve para evitar embarrarnos con algo que escogemos o para evitar explicaciones posteriores.
Endivias, alubias.
"injusticia", me hablas de lo que te apena ver en mi y de eso podríamos vivir porque eso hacemos, yo te hablo de ti, tú me hablas de mi. Del cansancio de justificar, de (tener que) comprender, de necesitar, de quejarse.
are you willing to walk the extra mile?
20.12.09
quizás porque
Exploras las diferentes ideas que cruzan tu mente por un segundo: estás en un mar pero no le perteneces y llegado un momento determinado, simplemente no quieres nadar. La locura, el aturdimiento, la liberación se presentan como algo externo, has elaborado tu propia jaula con evasión, distanciada de todo lo que con certeza no logra llamarte en el momento.
15.12.09
sitting on a cornflake waiting for the sun to come
Necesito alguien que me parche un poco y que limpie mi cabeza (...) y que ponga tachuelas en mis zapatos para que me acuerde que voy caminando, y que cuelgue mi mente de una soga hasta que se seque de problemas y me lleve... y que esté en mi cama viernes y domingo, para estar en su alma todos los demás días de mi vida. Y que me quiera cuando estoy, cuando me voy, cuando me fui. Y que sepa servir el té, besarme después y echar a reír. Y que conozca las palabras que jamás le voy a decir y que le importe mi ropa, si total me voy a desvestir para amarla..
9.12.09
vinilo
Los parches, las motas y borradores no bastan: desaparecer, genuinamente, toma más que decir que se ha logrado (y, como escuché en algún momento, qué pena cuando se tiene y satisface la necesidad de gritar a los cuatro vientos que ya se es grande).
Sin conciencia, sin vista panorámica, las cosas han llevado un curso tal vez esperado pero todo se cruzó y me convirtió en una pieza congelada. No un dado de hielo, por dentro todo sigue igual; solo una capa de hielo en la superficie. Aún así necesito el azúcar, no edulcorante, no cafe, no vinagre. Dulzura. Sí, egocentrismo, y? solo en determinada dosis es normal. No soy la primera, mucho menos la última. Solo estoy en una lista, SÍ, COMÚN. Sí, me como todo esto. Sí, tengo fantasmas en la memoria y muchas necesidades.
Y no, no pueden reducirme a eso. Quién plasma una explosión mental o subjetiva partiendo de todas las cosas buenas que posee? Qué resulta egocéntrico en estas opciones?
Remember cuddles in the kitchen yeah, to get things off the ground.
29.11.09
24.11.09
Negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
ok, nunca tanto, solo me agrada el modelo. Tal vez en desorden, tal vez no en carne propia, probablemente sí pero de qué sirve andar diagnosticando, determinando, definiendo cuando nonono no es solo mi mundo.
El orden en el modelo no es necesario; por ello, sin orden: ira, confusión, cansancio, esfuerzo, creatividad, apagón mental, caos de restos, represión, depresión?, temor, preocupación, afecto (y mucho), comprensión, sorpresa, hasidoungustoconocerla, añoranza, otredad, vacuidad, plenitud contradictoria, desorden, golpe, aversión, necesidad, capacidad, ocio, superación, aceptación, conciencia, rem (o mor), amor, nunca odio real, inflamación, espasmos, empatía, negación, brusquedad, limitación, mordaza, megáfono, compostura, yateextraño, estásmáslocaqueunacabraperoteentiendo, estássentadajuntoatufuturo, gratitud, cariño, rechazo, abrazo, favor, ingenuidad, volubilidad, limbo, furia, samoyedo, taza vacía.. el sentido que tenga.
por qué siempre he querido un puercoespín?
elevó los ojos, respiró profundo, la palabra "cielo" se hizo en su boca, y como si no hubiera más en el mundo por el firmamento pasó una gaviota. ¿A dónde te marchas, canción de la brisa.. tan rápida tan detenida, disparo en al sien y metralla en la risa..
gaviota que pasa
13.11.09
8.11.09
estás hablando sola
29.10.09
sse
solamente necesité decirlo, y callé porque no supe qué más hacer, decir algo urgente para que nadie lo escuche es peor que no decirlo -a veces, cuando decirlo para que quede como interrogante no sirve de nada-
tanto que decir, pero primero pensar y el orden escapó por la única ventana trasera del edificio al que nunca he entrado; se despidió tras un pequeño susto bochornoso en presencia de la nueva mirada fría, para luego merodear sin proponérselo de manera eternamente familiar.
25.10.09
speak up
Me gustaste, invierno, pero te irás y lidiaré con ello.

